El testimonio de Irene van der Wende

La historia de Irene van der Wendeabortó a su bebé concebido en violación, y más tarde descubrió que ella misma había sido concebida por violación

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Irene es de los Países Bajos y está disponible para hablarinfo@abortioninformation.eu 

Lamento haber matado a mi bebé después de una violación.

Sus fuertes brazos agarrándome con fuerza el cuello, sofocándome, ahogándome, me dejaron sin aliento. Me di cuenta de que la muerte era inminente, por lo que en una fracción de segundo decidí dejarlo salirse con la suya con mi cuerpo, para que yo pudiera seguir con vida. Después, me envolvía en mi abrigo con fuerza, para que nadie viera mi ropa rasgada por debajo. . .

Aunque mi cuerpo empezó a cambiar, y necesitaba ropa más grande, creí que no estaba embarazada, ya que la primera prueba de embarazo dio negativa (no había suficientes hormonas todavía.) Pero después de una gira de 6 semanas, una visita a mi médico de familia me informó que estaba embarazada. “¡Oh, no!” Shock, incredulidad, miedo y confusión se apoderaron de mí. En Londres se me aconsejó ir a una clínica al norte de Inglaterra para un aborto, indicando que había que hacerlo rápidamente, ya que estaba al borde del tiempo en el que se permitía hacerlo legalmente. Entumecida, y sólo centrándome en el miedo, fui para adelante.

Mi aborto se llevó a cabo en una fría, siniestra y vieja mansión. Me sentía muy incómoda, esperando en el vestíbulo con azulejos a cuadros blanco y negro, viendo los minutos pasar en el reloj. Era como si la muerte colgaba como una nube en el aire sobre mí. Hice lo mejor para tapar mis emociones, firmé un documento, recibí mi número, y me uní a unas 8 mujeres recostadas en las camas en una habitación, esperando mucho tiempo después de ponerme una bata de operación que iba a permanecer abierta. Mientras hablaban de su embarazo, náuseas matutinas, y de por qué estaban matando a sus bebés, me puse a pensar. En el ascensor más tarde, cuando yo iba hacia arriba, me puse una mano sobre mi panza, finalmente dándome cuenta de que había un niño dentro de mí, y dije: “Soy madre. ¡Tengo un bebé dentro de mí!” La enfermera que me acompañaba me tranquilizó, diciendo: “Está bien – otras mujeres también piensan lo mismo en el último minuto. Estás haciendo lo correcto”, tras lo cual se abrieron las puertas, y entré en un iluminado quirófano, donde me dijeron que me acueste, y que pusiera las piernas en alto en los estribos. Pero me sentí muy mal y vulnerable debido a la privacidad, y más aún cuando el abortista se enfadó mucho y se agitó cuando la enfermera discutió con él, y él me empezó a gritar, diciendo que ya había firmado un formulario de consentimiento, ¿o no? Y que yo estaba retrasando el ritmo de las cosas. Él me agarró brutalmente de los brazos, los cuales ató, y me insertó una aguja en el brazo, después de lo cual no me acuerdo mucho. . . . Me desmayé.

Cuando volví en mí, me dijo en voz alta que me pusiera de pie. En agonía, me agarré el estómago con una mano, doblemente dolorida, mientras con la otra, buscaba a tientas mi camino a lo largo de la pared del oscuro pasillo, de vuelta a mi cama en la otra habitación. Las otras mujeres estaban ahora en silencio y gimiendo de dolor. Mi estómago se sentía como si cada centímetro había sido raspado, abierto con una hoja de afeitar afilada. Nos dejaron solas, y después de mucho tiempo -creo que el día siguiente- se me permitió ir a casa, pero el dolor era insoportable. Me ofrecieron una silla de ruedas, pero apreté los dientes, diciéndome: “Vos quisiste esto, así que aguántalo”. Yo sangraba abundantemente en el camino a casa, teniendo que parar de vez en cuando, mareada, y estando en agonía absoluta. El sangrado duró medio año.

Mirando hacia atrás, me arrepiento de mi aborto, y de las píldoras del día después que

tomé. Si me hubiese dado cuenta entonces, lo que ahora sé, yo nunca habría sido capaz de pedir que mataran a mi bebé. Llegué a esta toma de conciencia después de ver videos de un aborto, viendo cómo un bebé de 12 semanas de edad reacciona a los instrumentos dentro del útero, y viendo las horribles fotos de estos pequeños humanos, donde les arrancamos sus brazos, rompemos sus piernas y luego las tiramos , aplastamos su cráneo, succionamos (partes de) sus cuerpos, cerebros, los decapitamos, etc. ¿Cómo podemos ver estas imágenes, con los intestinos, las costillas, el cerebro, corazón, columna vertebral, etc. y no llamarlos un ser humano? La vida empieza en la concepción – todos los genes y el sexo están en la primera célula, color de pelo, color de la piel, etc., que se expanden a 2, 4, 8, 16 células, etc., hasta en la adolescencia, cuando nuestros hijos están completamente crecidos. Tenía una gran culpa y remordimiento después de darme cuenta de lo que había hecho. También me aislé de mis emociones, ya que la culpa era insoportable, causando problemas en las relaciones posteriormente. Más tarde, leí que las mujeres como yo, que abortan después del abuso sexual (= menos del 1% de todos los abortos), que el 80% de nosotros lamentamos nuestros abortos. Considerando que del 70% que optó por dejar que su bebé viva, ninguna tenía remordimiento. Ojalá no la hubiese matado.

Cada Día de la Madre después, tenía que detenerme en el hecho de que yo era una madre, a pesar de que no tenía un hijo vivo – madre de un bebé muerto, a través de mi propia obra. El trauma emocional – que llevaba en silencio, sin hablar de ello. Me quedé helada cuando poco después, alguien colocó a su bebé en mis brazos – ¿quién era yo para sostener a un bebé después de matar al mío? Me uní a las estadísticas de tener un aborto involuntario después. Me enteré de que el tejido cicatrizal del aborto puede causar problemas en embarazos posteriores, y nacimientos prematuros por los daños del aborto, junto con probabilidad del 50% más de cáncer de mama si no tienen su primer bebé a término, y repentinamente dejar el proceso de producción de leche en desarrollo por abortar. Cuando mi hija nació más tarde a través de cesárea, mis brazos estaban atados de nuevo, al igual que durante el aborto, y todo el miedo y la ansiedad vinieron a inundarme de nuevo, en lo que debería haber sido un momento feliz. También me resulta desgarrador no poder decirle a mi hija mayor viva, que es mi primogénita. Y cuando un día llegó a casa de la escuela, preguntándome si había perdido alguna vez un bebé, me quedé sin palabras – ¿cómo se le dice a una niña que ordené que maten a su (media) hermana? Cuán traumático emocionalmente para la familia de la mujer que eligió matar. Cuán inseguro el hermano o hermana se siente – “¿Por qué ellos y no yo?”

Cuando tenía alrededor de 35 años, me enteré de que yo, yo misma, fui concebida en una violación. Toda mi familia lo había sabido todo el tiempo, excepto yo. Mi padre y mi madre estaban casados, pero fue una violación brutal. Estaba totalmente borracho en ese momento, y la había abofeteado violentamente, por toda la habitación, la tiró sobre la cama y la violó forzosamente. Fui concebida. Pero mi madre trató de suicidarse. Cuando yo había estado creciendo en su seno alrededor de 6 meses, subió a su bicicleta, con premeditación de tirarse ella conmigo delante de un tren en las vías a pocos kilómetros de distancia. Fue allí, y se situó al lado del carril, pero justo cuando el tren se acercaba, no pudo seguir adelante. ¡Estoy tan agradecida de que no lo haya hecho! La vida creciendo no siempre fue tan buena como podría haber sido, al escuchar cómo algunos se criaron en un hogar agradable, cálido y amoroso. Pero. . . la vida no se trata de la forma en que fuimos concebidos, o nuestra educación, sino de lo que hacemos de ella. Hay curación, y estoy muy contenta de que mi madre no me haya matado a través del suicidio, cuando tuvo la oportunidad. Estoy tan contenta de que ella me dio a luz, y me crió, a pesar de cómo fui concebida, y que estoy viva, y ser capaz de hacer ahora algo por la humanidad. Mi valor y derecho a la vida no dependen de cómo fui concebida.

He tenido que ponerme de acuerdo con lo que yo, yo misma, hice. Decidí pagar a alguien para matar a mi bebé inocente. Había un padre (el violador), una madre (yo) y un bebé. Sin embargo, contraté a un asesino (el abortista) para matar a mi bebé. Lo escondí todo lo que pude durante 25 años, pero como la psicología dice, finalmente el pozo negro de la vida tiene que ser abierto, y ser honestos acerca de lo que hemos hecho en nuestra vida. He nombrado a mis bebés, hice una tumba para ellos en el cementerio, y he encontrado la curación con YHWH (Dios), y su Hijo Yahshua (Jesús), por el que estoy ahora en condiciones de dar testimonio de lo que he hecho, y los efectos que me ha traído, mi familia y seres queridos, física, emocional y espiritualmente. Lamento profundamente haber expuesto a mi bebé inocente a una tortura y mutilación dolorosa, dejando que sea cortado en pedazos, aún en vida con un corazón que latía. Matar a un bebé inocente nunca es correcto, incluso después de una violación. Dos errores no hacen un acierto. El padre me hizo daño, pero yo hice daño al bebé. El bebé no ha hecho nada malo. El bebé es una tercera persona. Yo podría haber llegado a amarlo, o hacer que lo adopten en una familia amorosa. Un bebé no debe llevar la carga del pecado de los padres y ser asesinado por ella. En la ley, si un hombre mata a una mujer embarazada, es castigado por la muerte de dos personas. ¿Qué estamos haciendo al matar a nuestros propios hijos?

Me gustaría que la gente me hubiese dicho sobre el desarrollo hermoso de mi pequeño (= feto). Que antes que nosotras como madres siquiera supiésemos que estamos embarazadas, 4 días perdidos del ciclo, el bebé ya tiene un  corazón que late a los 18-21 días. Que en 18 días, sus cerebros empiezan a desarrollarse, a 20 días con parte media, delantera y posterior del cerebro, y que sus ondas cerebrales se pueden medir en 40 días. Que son sensibles al tacto, calor, luz y ruido. Los receptores del dolor comienzan a crecer con 4-5 semanas. A las 6 semanas, responden al tacto. Ellos tienen su propio ADN, sexo, tipo de sangre, y huella digital, lo que los hace individuos únicos. Manos y pies pequeños y hermosos, las costillas, la boca, la lengua. A veces el bebé no muere de inmediato cuando se inicia la matanza, y los brazos y las piernas se arrancan. Un abortista ha declarado que el corazón de los bebés entonces todavía palpita a veces. O que todavía están vivos cuando se los succiona, pasando por el tubo, para morir después en el frasco. Estos son seres humanos, que no están con muerte cerebral, o sin sentir.

Si una mujer está embarazada, necesita apoyo, no el aborto. Muchas de nosotras (64%) están obligadas a abortar (por ejemplo, por el novio, la madre, padre, maestro, médico, enfermera, amiga, trabajadora social) por lo cual podemos sentir arrepentimiento, vergüenza y culpa más tarde, cuando nos damos cuenta plenamente de lo que hemos hecho. Un bebé dice: déjame vivir. Toma mi mano, en vez de mi vida. Ámame, en lugar de matarme. El aborto mata a un corazón que late. Con la selección de embriones para las enfermedades, estamos diciendo a los hermanos y hermanas “sólo se te quiere y ama porque no tienes una discapacidad.” Para las personas con discapacidad, en realidad estamos diciendo “sólo se te tolera, porque la tecnología no estaba allí para eliminarte cuando eras un embrión”- el genocidio dentro de nuestros laboratorios. Recuerda: Dios te ama, pero también a tu bebé. Con el aborto, un solo corazón deja de latir, pero otro corazón se parte. O nos quedamos entumecidos, como yo hice al principio, o el remordimiento, la culpa y la vergüenza se ciernen sobre nosotros, hasta que confesamos, y encontramos la curación. Como decía la Madre Teresa: “El aborto es la muerte de dos: del bebé, y de la conciencia de la madre” Por favor, no mates a tu bebé. Tu bebé necesita que se le permita vivir. Encuentra a alguien que te ayude.

 Irene van der Wende